24 feb. 2009

De la euforia al desanimo.


Francisco González, presidente del BBVA ve "inevitable" que el Estado intervenga en los bancos con problemas."Nacionalizar no es la mejor solución, intervenir es mejor porque es más temporal y permite que los activos buenos vuelvan al sistema".

No queremos ver la careta ventajista de los interlocutores de siempre, queremos ver la verdadera cara a las soluciones para la crisis.

Las voces que proclaman abaratar el despido con rancias propuesta van en contra del interés general. Ese discurso solo pretende lograr el propio beneficio de una minoría sin importar acabar con la estabilidad personal, laboral y familiar de millones de personas.

A los ventajistas, en todas las situaciones les surgen pequeños o grandes problemas, directos o indirectos, para encauzar propuestas oportunistas como la reforma laboral con el fin de abaratar el coste del despido. No tienen escrúpulos ni vergüenza para pedir una y otra vez las mismas reindivicaciones

Antes de la época de bonanza y después con más de diez años acumulando beneficios, no se les ha oído solicitar otra cosa; siempre la moderación salarial y los contratos precarios como única solución para mantener la competitividad y creación de empleo.

Con unos sindicatos acomodados y unos empresarios estancados en el pasado del “pídalo usted mañana” las propuestas de mejoras y reformas siempre acaban en lo mismo; precariedad laboral y vanos discursos de intenciones.

Hasta que no sea igual de fácil echar a la calle a un trabajador con contrato indefinido y otro con cualquiera de los múltiples tipos de contratos hechos a la medida de los empresarios que existen no van a cambiar sus principales intenciones.

Dicen que es costoso y caro despedir cuando la mayoría de empleos son de contrato temporal. Quizás piensan que la mejor manera de crear empleo es formar plantillas rotativas de trabajadores sin estabilidad laboral al gusto y capricho del contratista.

Dicen que las prisas son malas consejeras, la situación actual no permite tomar ninguna pausa y requiere actuaciones inmediatas sin poner más obstáculos a una grave situación que cada día que pasa es más difícil.

Los contratos precarios, el despido fácil y barato junto a salarios de vergüenza no son la solución.

Estamos asistiendo a un importante descenso de la inflación pero sin consumo no sirve para nada, con una población asfixiada por deudas y sin trabajo no es posible reactivar la economía.

Si los motores que han de llevarnos a salir poco a poco de la crisis son la economía real (los consumidores) lo más conveniente es inyectar el combustible directamente al corazón de la caldera y apartar a los intermediarios que especulan con el carburante.

Renovar el ánimo y generar confianza no depende de ciudadanos endeudados ni contribuyentes con empleos precarios y futuro inseguro.

No se puede seguir como hasta ahora; repartiendo dividendos y cuantiosos beneficios sin tener como preferencia reinvertir en el futuro.

Si no cambiamos las cosas, seguiremos generando miles de parados cada día y perdiendo potenciales consumidores de bienes y servicios.

Es el momento de la responsabilidad colectiva, con medidas que ayuden a la mayoría para salir del pesimismo, potenciando el consumo con propuestas valientes que generen empleo estable y confianza en el futuro.

A todo esto nadie sabe responder donde está el dinero ganado todos estos años. De momento solo hay sobre la mesa los euros de todos los contribuyentes para salvar un sistema corrupto y especulativo que nos ha llevado a todos a una crisis de largo recorrido.

Nuestros jóvenes veían un futuro inseguro y ahora no les queda ni el estimulo de una economía boyante anclada en un espejismo de ladrillo y cemento, nos han hecho vivir en una ilusión con fecha de caducidad mientras se esforzaban todos los días en alimentar nuestra inconsciencia con datos excepcionales, para hacernos pensar que nuestra sociedad del bienestar estaba fuerte y sana.

Ahora estamos en las manos de mandatarios desbordados por la envergadura del tsunami financiero.

Unos financieros que han de ser salvados por los ciudadanos, sin aval ni condiciones. Por eso, queremos transparencia pedimos que detalle cada operación, cada movimiento de cómo van a gestionar ese dinero los bancos y cajas. Y lo más importante el destino real de todo ese montante millonario.

Sin proyectos de futuro ni empresas no se necesita financiación y si no hace falta financiación no hacen falta los bancos.

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