29 may. 2008

¿Quien paga todo esto?


La elogiada posición de la economía Española ha pegado un frenazo, hay una marca profunda de neumáticos en las previsiones de crecimiento. Ya no es una “posible desaceleración”.
La confianza de las familias han empeorado por; la crisis inmobiliaria, las turbulencias financieras internacionales, el alza de tipos de interés, la subida del petróleo y los alimentos. Cuestiones que afectan directamente al bolsillo de los ciudadanos. Todo esto añadido a un combinado de factores que hace tiempo que desestabilizan la confianza de los mercados por la desaceleración en EEUU, y la depreciación del dólar, nos puede conducir a una recesión general.

El indicador de confianza del consumidor esta bajo mínimos. No habíamos terminado de digerir las subidas de precios, y nos preparábamos para otro duro año de negociación de convenios, con las previsiones de siempre. Subidas de salario por debajo del IPC, cuando de repente nos echan a la espalda una “macro catástrofe económica”.
Nada…que así no hay quien levante cabeza…diez años porque hay que recoger beneficios, y otros diez por que hay recesión. En resumen te quedas en el mejor de los casos mileurista unos años más.
A todo esto quieren hacer sentir culpable por no gastar, y reducir el consumo de bienes duraderos, la gasolina y otros productos de los comercios minoristas.
Se han parado a pensar estos malabaristas de las estadísticas, que los trabajadores tenemos el sueldo que marcan los convenios y no podemos estirarlo a nuestro antojo.
Que se lo digan al Sr. Jean-Claude Trichet, presidente del BCE que tiene una fijación enfermiza con la moderación (congelación) salarial.
Si ellos están preocupados, como nos debemos de tomar los asalariados estas agresiones especulativas a nuestra micro-economía. Que España haya dejado de figurar entre las economías europeas con mayor crecimiento. El avance del 0,3% ha quedado muy lejos del 0,7% de media de la UE, por no hablar del 1,5% de Alemania o del 0,6% de Francia.
No es culpa de las economías modestas.Hay muchos factores que han llevado a esta desaceleración, pero no se puede responsabilizar a las familias y trabajadores, no han sido estos sectores, precisamente, los perceptores de los enormes beneficios recogidos con anterioridad.
Los ciudadanos, arrastrados por un falso periodo de abundancia, han estado viviendo por encima de sus posibilidades. La prueba es que no hay ahorro. La falta de un colchón para suavizar el alza de la carestía de la vida, ha canalizado la necesidad de consumir lo justo y necesario. De ahí la contracción del consumo.
Antes se tiraba de tarjeta, pero la gente se ha dado cuenta que ese dinero no aparece por arte de magia en la cuenta corriente, al mes siguiente.
A todo esto el sector de bancos y cajas, uno de los principales soportes de la economía española, por el gran crecimiento alcanzado durante estos años, pone en riesgo reactivar el consumo por las restricciones en la concesión de préstamos a familias y empresas.
El PIB en caída libre, la inflación al alza y los indicadores dicen que será peor. Otra asunto, nada esperanzador, son
los malos datos sobre el empleo, en estos meses las empresas despiden personal por las vacaciones y vuelven a contratar en setiembre. Esta practica vergonzosa queda difuminada por la contratación en el sector servicios.
Siempre nos queda el turismo para equilibrar la balanza.
Pero, eso no soluciona los problemas para llegar a final de mes, ni a final de año.
¿Y que pasara con esas hipotecas a 30 años?
¡¡Que pague el último!!

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