19 may. 2008

Nuestros políticos deberían estar mejor pagados.


De esta forma no pasarían dificultades para llegar a final de mes, y la dedicación a su trabajo seria completa.
Pobrecitos, unos tienen varios empleos, “compatibles” con su cargo, y los menos “afortunados” tienen que abandonar su “vocación”, de servir al pueblo, y pasar a la empresa privada para cubrir sus gastos con un salario más digno.
Por eso, cuando tienen la menor oportunidad, lo primero que hacen es mejorar sus sueldos.

No se puede generalizar pero tampoco pasar por alto ciertas actuaciones.
El enriquecimiento personal parece estar en el ideario particular de muchos personajes, que buscan en la política y sectores cercanos su beneficio propio.
Junto a una preparación o educación especifica, ser rico podría ser un requisito obligatorio para ocupar cargos relevantes.
Por lo menos no desviarían la atención pensando “maniobras” para incrementar los ceros de sus cuentas bancarias por la vía rápida.
Están de espaldas a los problemas y necesidades de las personas. Exprimen nuestros bolsillos con; multitud de impuestos, abusivas subidas de tarifas en servicios “teóricamente” públicos, y multas por el simple hecho de existir.
Como galantes de nuestro poder adquisitivo, su actuación se limita a una simple vigilancia de los precios, permiten a las grandes empresas y compañías, aplicar subidas por encima del IPC en suministros básicos y de primera necesidad, de paso se benefician, intermediarios y especuladores sin escrúpulos.
En los últimos años, empresas Españolas han escalado posiciones en el “TOP” mundial, alcanzando cotas de incuestionable éxito de ingresos.
Los grandes dividendos de estos años han colocado a nuestro país en una posición económica envidiable, pero este privilegio no ha sido trasladado a las personas. Cuando aparece la sombra de la recesión, y empiezan a mermar los enormes beneficios de las arcas privadas, los enriquecidos en épocas de bonanza, hacen la deuda pública. Vuelven los discursos de “colectivizar” la desaceleración, las amenazas de desempleo y la congelación interminable de salarios con intención de perpetuidad.
La sensación de ser embaucados por sus discursos alimenta un descontento, cada vez mayor.
Los ciudadanos estamos defraudados de esta “exclusiva” raza de buscadores de fortuna, alejados de la realidad, aislados en su impermeable paraíso particular de complementos y privilegios.
Uno de estos privilegios es, un insulto, a las personas que han cotizado más de 35 años, y deben seguir trabajando para tener una jubilación de subsistencia.
La Constitución ampara los derechos de los ciudadanos. No acertamos a encontrar, en la Carta Magna, el artículo que distingue entre la clase política y el resto de ciudadanos. De su posición se benefician de muchos privilegios. Con ocho años de trabajo, tienen suficiente para; asegurarse una jubilación millonaria.
Percibir una envidiable liquidación, pluses, extras y demás ingresos,…y, ¡¡Siguen trabajando!!
Piensen un poco… ¡ocho años!, y jubilación; ¡Máxima!
Ningún otro trabajador, puede hacer eso.
Constitución Española; ¿Todos somos iguales?
Habrán de esforzarse y demostrar que están ocupando su cargo para, y por lo, que han sido elegidos.
La concesión y confianza de los votantes no es a “fondo perdido” ni infinita.

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